Alcides Pacífico Hilbe tiene las marcas de décadas de trabajo en una metalúrgica impresas en su cuerpo. No lo dejan vivir tranquilo. Un dolor punzante le inmoviliza uno de sus hombros. Y todo el tiempo, todos los días, escucha un zumbido en los oídos, como si llevara en auriculares la máquina que operó durante los 30 años de su vida laboral. Su jubilación no es ni un premio ni un descanso. Parece más un padecimiento al que, durante un tiempo, encontró una salida. Fue gracias a su peluquero. El hombre, experto evidentemente en la cabeza humana, le regaló una semilla de cannabis. "Esto te podría ayudar", le avisó sin muchas más explicaciones. Hilbe buscó la data que faltaba en Internet, tiró la semilla en el jardín de su casa de Villa Constitución, Santa Fe, aprendió a cuidarla, a quererla y a cortarla en el momento justo y al cabo de unos meses fumó por primera vez marihuana de su jardín. Su cuerpo lo sintió enseguida: el hombro se relajó y el ruido interior bajó su volumen hasta ubicarse en un segundo plano.